lunes, 3 de diciembre de 2012

Te quiero

Para mí, eres como ese lugar en la casa de Luis Barragán. Esa que está precisamente por donde tú vives.

Eres esa azotea bañada por el sol, con su juego de sombras. Llegar hasta ti y hasta esa azotea, forman parte de las cosas más bellas que me han pasado en la vida.

Tus paredes, tus pisos; esa piedra que se niega a ser pulida, ese muro que se niega a ser pintado, pero son bellos. Es el paso del tiempo, su inclemencia lo que te han hecho perfecto. Eso lo amo.

Y no te quiero tocar. No te quiero invadir con mis trivialidades, con mis tonterías y sin embargo, quiero aferrarme a esos muros, a esos contrastes.

Y escribo aquí porque sé que no lo vas a leer. Porque esos muros no leen.

Te quiero.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El mito de la tormenta

Un pequeño científico hizo un gran descubrimiento una tarde nublada.

Guiado por su curiosidad, entre salto y salto por la acera, descubrió la forma más sencilla de producir prodigios naturales. Su madre le había pedido que no lo hiciera, pero su hambre de saber pudo más que la advertencia.

Algún día alguien hablará de su cara de felicidad por el resultado del experimento. Un gran brinco sobre el agua que reposa en la calle. Una carcajada que calla el rayo que ilumina el cielo. La lluvia que se desata por el encanto de su risa.

La capacidad que tiene el charco de convertirse en tormenta.

Epílogo

Dicen que la mamá del científico se enojó al ver las calcetas llenas de lodo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

El mito de la piedra de río

Era una piedra que, de tanto tropezar con ella, terminó hundida y lisa en el lecho del río. Pétreo rodar y rodar.

jueves, 25 de octubre de 2012

Temor

Tengo temor de que las palabras que me trago al estar atoradas en la garganta tengan faltas de ortografía el día que me anime a liberarlas.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los muertos vivos

“Emparéjale a la puerta que se meten los zombies.", decía mi abuela riéndose en aquellos días en que nos habíamos acostumbrado a su presencia.

Los veíamos llegar por el camino y era la señal de que el ocaso se acercaba. Ellos sabían que en la noche era más fácil encontrar alguna víctima. La noche era lo peligroso, después de tantos años de convivencia sabíamos que el día nos pertenecía a los vivos y la noche a ellos.

Los vivos, los sobrevivientes. En un principio era un orgullo llamarse así; ahora, con pocos alimentos y con los escasos bienes que nos quedan estamos igual de muertos en vida que ellos.

Cuando aseguramos el rancho cavando zanjas y poniendo púas en las bardas, nos dimos a la tarea de caminar al pueblo y recorrerlo buscando comida, cualquier cosa que pudiera servirnos de arma y claro, otros sobrevivientes que pudiéramos alojar en el rancho.

Vimos cosas que jamás nos hubiéramos imaginado. Cuando "ellos" llegaron, todos vivíamos un día normal; los niños en la escuela, los hombres en el campo y las señoras en su casa o en la iglesia.

La iglesia, creo que eso es lo más feo que recuerdo. Mi tía Martita quedó ahí. Teníamos días buscándola, pensamos que se habría ido en los camiones del ejército. Ella vivía sola en el pueblo y los militares vinieron de noche por la gente, por eso los que no vivíamos allá nos quedamos a la buena de Dios.

Una vez peinado el pueblo, el único lugar que nos quedaba por revisar era la iglesia y el dispensario. De ahí pudimos sacar medicinas, curaciones para lo que se ofreciera y algo de alimento. Entramos a la nave de la iglesia y estaba vacía, lo malo estaba en la sacristía. Ahí se encerraban todas las tardes las de la vela perpetua a rezar con el padre.

Todos estaban muertos dando vueltas como poseídos, también mi tía Martita. La pobrecita nada más apretó el rosario que llevaba todavía en la mano cuando mi tío Juan le clavó el machete en la cabeza. Cuando regresamos al rancho y le contamos a la abuela que se había convertido en uno de ellos, dijo: "Siempre se lo dije, ponte a hacer algo de provecho, Marta. Estar metida en la iglesia no te va a dejar nada bueno. Mira, hasta solterona se quedó la muy tonta".

¿Lo más gracioso? Cuando una noche escuchamos mucho ruido. Los perros ladraban mucho y salimos a ver qué pasaba porque según nosotros cercas y zanjas estaban bien puestas. En medio de los maizales, el viejo Ramiro daba vueltas persiguiendo a los perros con un trinche que le atravesaba por la mitad del cuerpo. Mi tío y yo nos reíamos de que el viejo, que en vida mal miraba a medio pueblo por ser el más rico de la región, ahora ni un mendigo perro se podía comer. Mi abuelo nos alcanzó, miró lo que pasaba y le dijo a mi tío: "Ya Juan, mata a ese desgraciado. Suficiente castigo tuvo con ser tan pendejo en vida".

Aquí estamos. Han pasado más de 8 años desde que ellos, los zombies como dijeron en el radio, llegaron caminando desde el norte. Mis abuelos se hacen cada día más viejos y sólo me quedan ellos y mi tío Juan. Mi papá, después de que se murió mi mamacita se fue para el gabacho. La mera verdad se me hace que él ya también está muerto. A veces sueño que entra caminando por el camino viejo, convertido en zombie, buscando que su gente le dé la paz que necesita clavándole un machete en el mero seso.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La fiesta

Ricardo Olivas pensó dos veces antes de hacer ese viaje. Alejarse de su demandante jefe era un arma de dos filos; mientras le insistía que tomara ese descanso después de cuatro años de trabajar para él, sabía que estaría llamándole las 24 horas del día por asuntos del "negocio".

Ricardo Olivas también lo pensó dos veces cuando sus amigos de la infancia, del fútbol en el llano, lo invitaron a "pistear" para celebrar que había regresado al pueblo que lo vio nacer. Después de todo, él iba a ver a su madre que se había quedado sola cuando sus hermanos se fueron al gabacho y a descansar.

Lo que Ricardo Olivas no pensó, bueno y no es que tuviera mucho tiempo para hacerlo, es que sería su mejor amigo, ese con quién iban a ver a las muchachas desnudas bañándose en el río quién le dijera al calor de las copas que era de los "sicaritos" de su jefe y venía a matarlo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La oportunidad y la ocasión

Había una vez una ocasión y una oportunidad que habían acordado una cita.

Se vistió para ella; a la otra le gustó porque se la habían pintado calva. Se vieron, se desvistieron y se aprovecharon una de la otra.

Un nudo en la garganta

Tengo un [nudo de tu cabello entre mis dedos] en la garganta.

Tengo un [nudo de pensamientos que corren todo el tiempo hacia ti] en la garganta.

Tengo un [nudo de fantasías donde tus piernas se enredan con las mías] en la garganta.

Tengo un [nudo con tu sonrisa] en la garganta.

Tengo un [nudo con tu mirada] en la garganta.

Tengo un [nudo con tu nombre] en la garganta.

sábado, 8 de septiembre de 2012

La pianista

Estando en su cama, la pianista tuvo un momento de cordura cuando escuchó a su bisnieto tocar el piano que estaba en su recámara. Se incorporó de su lecho y lo primero que alcanzó a ver sobre el piano fue el retrato de su marido. Recordó su sonrisa, esa que brillaba entre bambalinas y le esperaba para abrazarla y felicitarla después de haber ofrecido su primer recital ante una sala llena.

Esa misma sonrisa fue la que la rescató de aquel burdel donde tocaba el piano. Siendo la menos agraciada, la madame decidió enseñarle lo poco que conocía de música. Así mataría el hambre de la chica y a su pianista borracho de un solo tiro.

lunes, 27 de agosto de 2012

Alta Traición

No amo mi patria

su fulgor abstracto es inasible

pero (aunque suene mal) daría la vida

por un palco en el Azteca, cierta gente,

puertos, un mandato en Los Pinos, fortalezas,

una ciudad en movimiento, gris, monstruosa,

varias figuras de su historia, montañas

                y tres o cuatro ríos.


(Paráfrasis del poema Alta Traición de José Emilio Pacheco)

jueves, 16 de agosto de 2012

Bienvenida



Tengo muchos olores pegados a los recuerdos. Olor a tierra mojada, perfumes, personas... Pero los que más tengo pegados a la memoria son los de la comida de mi bisabuela.

Mis papás se divorciaron en el 88; nos alejamos de su familia durante 4 años. Mi hermano fue el primero en regresar de visita y después yo. Ese día es un recuerdo clarito.

Quedamos de vernos con mi tío en Tepito para buscar el Use Your Illusion I, de los últimos LP's que compramos. Yo iba muy nerviosa porque los vería de nuevo. Cuando vi a mi tío le di un abrazo fuerte, pero por dentro temblaba. Todo el camino me abrazó y me protegió con su mano en el hombro. Era tanta la emoción del reencuentro que permanecí callada como siempre me pasa. Enmudezco por los nervios, me da pánico escénico. Tepito era el barrio bravo aún transitable que hoy se extraña.

Llegó el momento de ir a casa a comer, a Valle Gómez, a Mapimí. Estaba nublado y los niños jugaban en el patio de la unidad como siempre; si regreso a ese lugar algún día, espero que por lo menos eso permanezca así. Estaba nublado. El departamento de mi bisabuela rodeado de macetas como siempre.

Entramos y ella estaba en la cocina; chaparrita, gordita, con su cabello lleno de canas recogido sólo de la mitad como siempre, como la dejé la última vez. La abracé también nerviosa con el temblor dentro de mi cuerpo. Siempre nos apretujaba y nos besaba. 

La unidad donde todavía vive mi tío se construyó en el predio que era de mis bisabuelos; con los sismos del 85, vino la expropiación y la casa inmensa de mi infancia se convirtió en un departamentito de 2 cuartos y una estancia con la "Renovación Habitacional". Mi bisabuela se negó a deshacerse de muchos de sus muebles y, por lo mismo, a veces no cabíamos en la mesa y mucho menos en la sala que constaba sólo de un sillón. 

La mesa ya estaba puesta; el mantel de flores anaranjadas y su plástico transparente, los vasos de florecitas rojas de siempre, los platos con el mismo decorado, el guacamole en su cazuelita de barro. Todo seguía como la última vez que los vi. Mi bisabuela no era la gran cocinera; no salía de los mismos 5 platillos de siempre, pero nadie los sabe preparar como ella. Bueno, ni mi mamá. Ese día comí la pechuga de pollo empanizada más rica de mi vida, del tamaño de la oreja de un elefante acompañada de papas a la francesa y su guacamole. 

No encontraré otra pechuga igual, unas enfrijoladas como las de ella, su cuete mechado,  su café con leche servido en taza de veladora de cristal blanco con orillita de flores rojas como el que nos daba. No habrá un pozole  como el que preparaba ella. Esos sabores y olores se me quedaron en la boca y en los recuerdos para siempre y nadie los podrá suplir. Ni siquiera el más rico de los sushis o el café preparado por el mejor barista del mundo. Todo eso se acabó cuando ella murió hace 10 años. 

Hoy comí pechuga empanizada con papas y me acordé de mi abuelita Angelita y esa bienvenida. 

    




miércoles, 1 de agosto de 2012

Misterio

Escribo desde los quince, ya lo había dicho antes. También había contado de las libretas que he llenado con "poesía". Hace años, en un disco de 3 1/2, hice una compilación lista para llevarla a impresión, engargolado y empaquetado para mandarla a cualquier concurso.

Por una u otra cosa no lo hice, pero sabía que la información estaba ahí. Hoy hice el último intento de rescatarla, no se pudo hacer nada.

Decidí no quedarme cruzada de manos y releer esas libretas para escoger "lo mejor". Al abrir una de ellas, encontré el listado de las poemas que había elegido para esa compilación. ¡Eureka!

Todo se había solucionado... Casi. Faltaba esa libreta que tanto amo, con sus hojas de papel estraza que compré en un puente en C.U. Busqué en el clóset, en el buró, en el librero. Subí a buscar en las cosas que aún están en la planta alta de la casa. No estaba.

Regresé a mi escritorio y ahí estaba: Las tres libretas apiladas. 

No sé que pasó, no sé quién la puso ahí o si ya me estoy volviendo loca. Lo mejor es no encontrarle lógica y ponerme a teclear.

Con permiso. 

Bueno, primero me fumo un cigarro.









Ahora sí, con permiso. 

viernes, 13 de julio de 2012

"La Bicicleta"



Si no mal recuerdo, el primer niño que me gustó fue a los 6 años. Y pues nada, nada más te gusta, si acaso te da un beso en la mejilla, te agarra de la mano, se pelea por ti, te invita a jugar a su casa y ya. San se acabó. Como dice Carlitos en "Las Batallas En El Desierto" del maestro Pacheco: "¿Qué haré? (...) ¿Buscarme a una niña de mi edad? Pero a mi edad nadie puede buscar a una niña."

Para este ejercicio "literario", a partir de este momento, el enamoramiento o atracción por alguien será conocido como "La Bicicleta".

Nos subimos y nos caemos de "La Bicicleta" varias veces en la vida. A veces es muy mona, con sus listones en los manubrios y si tienes suerte hasta te toca con una cestita en la parte delantera.

Aprendes a andar en "La Bicicleta" hasta que un día le quitas las rueditas de entrenamiento. Te propones ir a mucha velocidad, subir rampas, brincar topes y hasta por qué no, hacer unos trucos.

Pero un día, arriba de "La Bicicleta", se te olvida todo lo que pasa alrededor; el viento roza tu cara, despeina tu cabello, se cuela por debajo de tu falda o el short. Pedaleas al compás de tus pensamientos, de la música en tu cabeza, del sol que te pega en la cara y... ¡Zas! Te estrellas contra la pared o, en el peor de los casos, un autobús a toda velocidad te avienta por los aires.

"La Bicicleta" queda tirada en el piso, con el pedal dando vueltas o desecha en mitad de la calle. Los fierros vuelan por los aires y tú y "La Bicicleta" quedan irreconocibles. Te levantas y te sobas el trancazo, lloras por el sentimiento de frustración. "¿Pero cómo fui tan tonta? Ni las manitas metí y me pegué un golpazo".

Los equipos de rescate llegan con un curita o la ambulancia. Te ponen un collarín y te aseguran a la camilla. Las heridas cierran, los huesos soldan y después de un tiempo agarras "La Bicicleta" y vuelves a pedalear. Te compras una nueva, pero esta vez, procuras salir con protección; le pides a papá que te compre el casco más rosa y más cursi que pueda encontrar.

Sabes que quedan cicatrices y esos huesos que soldaron tal vez duelan con el frío, pero te vuelves a subir a "La Bicicleta". Sabes que tienes miedo a caer de nuevo, pero vuelves a pedalear.

Otras personas encuentran buenas ciclopistas y no caen, puedes ver como se alejan y desaparecen en el horizonte felices montando "La Bicicleta".

La esperanza de encontrar esa ciclopista me acompaña desde los 6 años. Hoy, no sé que tanto sentido tenga mantenerla.

martes, 26 de junio de 2012

(No)sotros

No alcanza para escribir un "nosotros".


El todo se queda en un "no".


sábado, 16 de junio de 2012

Haz de cuenta...

"Haz de cuenta que me gustas." - Dijo Diego mientras se sentaba a un lado de María y ponía su mano encima de la suya.

Ella estaba sentada en el comedor de la empresa mirando su plato vacío. Aún faltaba tiempo para regresar a su lugar.

"Haz de cuenta que me gustas, María. Haz de cuenta que me muero por abrazarte, por besarte. Haz de cuenta que me muero por ver tu cara todas las mañanas a mi lado. Haz de cuenta que me muero por despertar antes que tú y observarte aún dormida. Haz de cuenta que me desespero por saberte lejana a mí, ajena. Haz de cuenta que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti. Hacerme viejo junto a ti. Morirme contigo." 

María apartó la mirada del plato vacío, liberó su mano de la mano de Diego y lo miró a los ojos.

-Te sudan mucho las manos, Diego.

Se levantó de la mesa, abandonó el comedor de la empresa y regresó a su lugar, no sin antes pasar al baño para lavarse las manos.

Diego se quedó sentado, mirando el plato vacío de María. Aún faltaba tiempo para regresar a su lugar. 



lunes, 21 de mayo de 2012

TodoJunto

CorríGriteLloréCaíMisRodillasSangraronMisManosSeLlenaronDeTierraCorríGritéLloréCorríBajoLaLluviaLloréPorElFríoMeDetuve.

Me detuve, contemplé la noche estrellada... Me envolvió el silencio, el olor a humedad. Sentí paz después de mucho tiempo.

CorríGritéMeCanséDeAndarEnCírculosMeTomaronDeLaManoMeAbrazaronSecaronMisLágrimasEscuchéElLatirDeUnCorazónEnMiOído

Respiré profundamente.

CorríGritéMiCorazónSeSentíaVivoAlSentirCansancioYNoDolor.

Me senté. Reí.

CorríGritéTrateDeHuirDeMíMismaMeEncontré.






"Qué paz da el sol debajo de las hojas,
qué oscuridad si lo miro de frente.
Las semillas en el tiempo son parámetros de vida..." 

                                                                            - M.B. -




sábado, 12 de mayo de 2012

El Cazador Cazado. (Parte 4)

Alguien tocó a su puerta. Al abrirla fue tal su sorpresa que se quedó callada y con los ojos abiertos. No pensó volver a verlo nunca; estaba ahí parado viéndola, con una sonrisa que apenas podía sostener y un brillo en los ojos que le traía a la cabeza ciertos recuerdos.

Ella estaba a punto de salir a un evento de la agencia donde sería la presentadora principal. Vestía su vestido negro favorito, tacones altos y medias negras. Sus ojos negros eran enmarcados por sus largas pestañas. Su cabello cayendo sobre sus hombros, maquillaje impecable. Bella, como él la recordaba.

También recordaba la vez que metió la mano por debajo de ese vestido mientras la besaba. Recordó como ella temblaba mientras su mano se iba acercando a su sexo, recordó la seda de su ropa interior y no pudo evitar sonreír aún más.

-Hola.
-¿Qué haces aquí?
-Pasaba por aquí... No, no pasaba. Necesitaba verte.
-¿Qué quieres?
-¿Puedo pasar?

Ella se sintió obligada a dejarlo pasar, las piernas le temblaban y por un momento pensó que caería al piso. Le pidió que se sentará y ella lo hizo en el lugar opuesto a él.

La miraba, no podía dejar de hacerlo. El corazón le palpitaba tan fuerte, toda la semana estuvo así desde ese día que despertó con la necesidad de tenerla a su lado nuevamente. Ella, nerviosa, cruzó la pierna. Acomodaba su vestido, le sacudía las inexistentes pelusas y se acomodaba el reloj. Estaba acostumbrada al silencio junto a él, pero en los buenos tiempos, la incomodidad precedía al placer.

No pudo esperar más. Se hacía tarde y el taxi probablemente ya la estaría esperando.

-Y dime, ¿qué quieres? ¿Te puedo ayudar en algo? -- Trató de mantenerse serena.
-Lo siento, no quiero incomodarte, pero esta necesidad de verte me estaba matando... Ni siquiera sé que decirte. Te extraño.

No sabía que pensar, no comprendía lo que estaba pasando. Por un momento, la sonrisa chueca, los ojos que trataban de esquivar su mirada le recordaron el pasado... También le recordó ese momento en que él metió la mano por debajo de ese vestido buscando la manera de llegar a su sexo.

No podía evitar sentir empatía por él, por esos momentos, por lo descompuesto que lucía.

-Y ¿ahora?
-Y ahora no sé, sólo quería que lo supieras... Y pudiéramos vernos.
-Lo siento, tengo que salir. Se me ha hecho tarde.

Se levantó como resorte del asiento y se encaminó hacia su cuarto. Estaba a punto de llorar y no quería que él la viera. Él no pudo evitar seguirla guardando distancia, moría por tocarla; por lo menos por rozar un poco su piel.

Se encerró en su cuarto y se apoyó en la puerta. Soltó el llanto y en un momento lágrimas negras caían en su escote recorriendo sus senos. Su piel se erizaba. Escuchó la puerta y tomó el valor posible para abrir la suya.

La sala estaba sola, él se había ido. Sobre la mesa, un papel con un número telefónico. Ya no tenía tiempo, tomó su bolsa y salió corriendo para subirse a su taxi.

Se lució como nunca en la presentación de la agencia. En la cabeza de sus jefes, estaba la idea de ascenderla. En la de ella, el temor que crecía a cada momento al recordar que tenía que regresar a su casa y que ese número de teléfono estaba en su mesita... Tentándola.


sábado, 5 de mayo de 2012

Yo venía a escribir algo, yo venía a llenar un espacio.

Yo venía a escribir algo a esta vida, yo venía a ocupar un espacio en esta vida. 

Yo venía a escribir algo para ti, algo que te cambiara la vida. Que te iluminara los ojos. Algo que te hiciera pensar en mí. Yo venía a llenar un espacio en tu vida y que al mismo tiempo tú llenaras mis espacios. 

Yo venía a escribir algo para ti, a llenar tus espacios y los espacios que hubieran dejado los otros con sus espacios en tus espacios. Yo venía a escribir algo para ti, algo que te cambiara la vida. Que te iluminara los ojos. Algo que te hiciera pensar en mí. Yo venía a llenar mis espacios con tus espacios y los espacios que dejaron los otros en mis espacios con tus espacios que dejaron los otros con sus espacios en tus espacios.

Al final, un laberinto. 

En ese me perdí.

domingo, 22 de abril de 2012

Yo

Salir, caminar. Ir y venir dos veces al día el mismo camino. Ir y venir entre los dos puntos que forman la línea. Pararme ante la luz. Dejar que el sol toque mi piel, que el aire corra por entre mi cabello. Existir allá afuera con los otros. Roces, ruido, voces, gente corriendo por la misma línea. Volver aquí, para reconocerme y recordar quién soy. Extrañarme.

jueves, 15 de marzo de 2012

La trapecista

El público expectante observaba a la trapecista columpiarse en las alturas. Ella, fijaba su vista temerosa en el piso de la pista del circo aferrada a las cuerdas de su trapecio.


Nadie sabía, ni siquiera ella, que el hipnotista de la feria cansado de sus desprecios, había sembrado en su mente el pánico a las alturas al susurrarle al oído: "La rama que cruje".


Lo que también ignoraban, es que bastaría con la rechifla del público para provocar que la trapecista cayera desde las alturas.

domingo, 11 de marzo de 2012

JaimeLópeziana II

En mi funeral alguien comentará: 

"-Lo bueno es que disfrutó su vida. -Nah, sólo hacía tiempo mientras moría."

Hombres y mujeres de todos los puntos cardinales llegarán, pero uno solo a mi féretro se acercará. Se murmurará que es mi primer amor... No se engañen, es sólo un acreedor.

"-¿Se habrá ganado la gloria eterna? -Es lo más seguro, la penitencia llevaba hecha."

"-¿Se habrá ganado la gloria eterna? -No lo creo, era medio perra."

sábado, 10 de marzo de 2012

JaimeLópeciana

"A mí no me vuelven a engañar", le comenté. "Le pediré aval al próximo vato que me quiera enamorar".

La última vez que osé enamorarme, necesité inyecciones para recuperarme.

-Seguramente un tratamiento de penicilina.

-No, ampolletas de vida.

sábado, 25 de febrero de 2012

El niño que quería ser rockstar

El niño que quería ser rockstar, que veía esos posters de KISS, que jugaba al air guitar, que movía su inexistente cabellera (que su padre jamás le dejó mantener larga) con el rock pesado que escuchaba cada vez que lo dejaban solo en casa. 

Ese niño que juró ante sus viniles nunca abandonar su sueño de ser un gran músico. El mismo que seguía tarareando sus canciones favoritas en el camino a la universidad; ese que le decía Blondie a su novia la rubia, ese que tuvo tres hijos antes de los 30 y los nombró con los nombres de sus músicos favoritos,  murió esta mañana las 8:35 horas en un accidente de tráfico. Se impactó rumbo a su trabajo como contador en un corporativo de la ciudad contra la motorhome de la banda de wizard rock Harry And The Potters. El manager de la banda informó que salieron ilesos y los chicos lamentan la muerte del conductor del otro vehículo. Probablemente le dediquen una canción esta noche.

lunes, 23 de enero de 2012